La historia de Dolly Parton pone el foco en una crisis silenciosa: millones de cuidadores descuidan su propia salud
Por Miriam Gonzalez ·

Durante años, Dolly Parton dedicó buena parte de su vida a cuidar a su esposo, Carl Dean, mientras enfrentaba una enfermedad prolongada. Después de su muerte, la cantante reconoció algo con lo que millones de familias pueden identificarse: mientras cuidaba de él, dejó de atender su propia salud.
«Cuando mi esposo Carl estaba enfermo, fue durante mucho tiempo, y después murió, yo no me cuidé», explicó Parton en un video publicado en octubre. Dean murió en marzo de 2025. La pareja nunca reveló públicamente qué enfermedad padecía, aunque Parton había señalado que estuvo enfermo durante bastante tiempo.
La cantante murió el 25 de agosto de 2026 de cáncer, una enfermedad de la que no había hablado públicamente, después de atravesar durante los últimos años otros problemas de salud, entre ellos cálculos renales.
No se conoce exactamente a qué se refería Parton cuando dijo que había descuidado su salud mientras atendía a su esposo.
Sin embargo, especialistas señalan que su experiencia refleja un problema que afecta a una enorme población: alrededor de 63 millones de cuidadores en Estados Unidos.
Cuidar a alguien puede hacer que olvides cuidarte

Jason Resendez, presidente y CEO de National Alliance for Caregiving, explicó que los datos muestran que este problema ocurre en millones de hogares estadounidenses.
La exigencia física y emocional del cuidado puede terminar deteriorando la salud de quien asume esa responsabilidad.
De acuerdo con un informe de National Alliance for Caregiving y AARP, 23% de los cuidadores reconoce que tiene dificultades para prestar atención a su propia salud mientras cuida a otra persona.
El porcentaje es todavía mayor entre mujeres, personas LGBTQ+, latinos y cuidadores con menores ingresos.
Y no se trata únicamente de olvidar una cita médica.
Cerca de dos tercios de los cuidadores reportan estrés emocional, mientras 45% señala experimentar desgaste físico.
A ello se suma la soledad: casi una cuarta parte de los cuidadores la experimenta, en parte porque sus responsabilidades pueden reducir las oportunidades de socializar y mantener conexiones fuera del hogar.
Una responsabilidad que puede ocupar más de 40 horas semanales

El tiempo dedicado al cuidado ayuda a entender por qué tantas personas terminan relegando sus propias necesidades.
Según Resendez, un cuidador familiar dedica en promedio 27 horas semanales a estas labores.
Muchos, sin embargo, superan las 40 horas.
Cuando una persona cuida a alguien con una enfermedad grave, las responsabilidades pueden incluir acompañamiento constante, citas médicas, administración de tratamientos y apoyo emocional.
Para quienes no cuentan con recursos económicos suficientes para contratar ayuda, encontrar siquiera unas horas de descanso puede resultar complicado.
La situación puede ser especialmente intensa cuando el cuidador vive con la persona que necesita atención.
«Lo amo, pero no quiero que esto me mate»

Nancy Slavin, de 57 años, cuida a su madre las 24 horas en la vivienda que comparten cerca de Portland, Oregon.
Aunque valora profundamente el tiempo que han podido pasar juntas, reconoce que la responsabilidad tuvo consecuencias para su propia salud.
Durante años pospuso estudios rutinarios para detectar cáncer hasta que finalmente se realizó los exámenes y enfrentó una situación que llamó su atención.
El cuidado también redujo su capacidad para socializar y asistir a actividades que antes disfrutaba.
Slavin asegura que nunca se arrepentirá de haber cuidado a su madre, pero también reconoce que necesita protegerse porque ella misma es madre, tiene pareja y quiere conservar una buena calidad de vida.
El desgaste también existe a distancia

Vivir lejos de la persona que necesita ayuda tampoco elimina necesariamente la carga.
Heidi Lescanec, de 54 años, reside en Vancouver, British Columbia, mientras su madre vive en Ontario.
A pesar de la distancia, las necesidades físicas y emocionales relacionadas con el cuidado llegan a abrumarla.
Lescanec explicó que incluso actividades básicas como respirar profundamente o comer con tranquilidad, pueden resultar difíciles cuando siente que toda la responsabilidad recae sobre ella.
Aunque algunas tareas puedan delegarse, señala, suele existir una persona que termina coordinándolo todo.
¿Por qué los cuidadores posponen sus citas médicas?

Allison Applebaum, profesora de geriatría y medicina paliativa y directora del Steven S. Elbaum Family Center for Caregiving de Icahn School of Medicine at Mount Sinai, explica que una parte importante del problema es simplemente logística.
Programar una consulta médica puede ser complicado para cualquier persona.
Para alguien que no sabe qué ocurrirá al día siguiente con el familiar que está cuidando, organizar sus propios chequeos resulta todavía más difícil.
Además, después de pasar gran parte del tiempo en hospitales, consultorios y tratamientos acompañando a otra persona, algunos cuidadores no quieren utilizar sus pocas horas libres para regresar a un entorno médico por sus propias necesidades.
Neal K. Shah, cofundador y CEO de CareYaya Health Technologies, vivió esa experiencia mientras cuidaba a su esposa durante varios años cuando ella tenía cáncer.
Durante ese periodo no acudió a una sola cita médica para sí mismo.
Sus necesidades simplemente le parecían menos importantes frente a la gravedad de la enfermedad de su esposa.
El componente emocional también pesa

Las dificultades prácticas son solamente una parte del problema.
Applebaum explica que cuidar a alguien con quien existe un vínculo emocional profundo puede provocar una sensación de impotencia, especialmente cuando esa persona enfrenta una enfermedad que eventualmente podría causarle la muerte.
El cuidador sabe que no puede salvarla, pero puede sentir que todavía tiene control sobre cuánto hace para atenderla.
También puede aparecer miedo a recibir más malas noticias.
Quien ya vive rodeado de incertidumbre, ansiedad y estrés por la salud de otra persona podría preferir ignorar sus propios síntomas antes que descubrir que existe un problema adicional.
Otros cuidadores tampoco quieren hacer algo que pueda aumentar la carga para la persona enferma o para el resto de la familia.
Los cuidadores aportan un valor estimado de $1 billón
La magnitud económica de este trabajo también es enorme.
Según los datos citados por CNN, los cuidadores familiares no remunerados realizan labores de atención valoradas en aproximadamente $1 trillion en Estados Unidos.
En español, utilizando la escala numérica habitual, eso equivale aproximadamente a un billón de dólares.
Decenas de millones de personas dependen de ese trabajo.
Sin embargo, cuando los cuidadores acompañan a sus familiares a consultas, tratamientos u hospitales, pocas veces alguien les pregunta cómo se encuentran ellos.
Resendez señaló que únicamente 15% ha sido consultado alguna vez por un proveedor médico sobre qué necesita.
Esto ocurre pese a que muchos están realizando tareas complejas dentro de un sistema de salud igualmente complicado.
El sistema podría comenzar a cuidar también al cuidador
Los especialistas consideran que el sistema médico debería integrar de manera mucho más directa a quienes cuidan de los pacientes.
Applebaum propone que cuando una persona sea registrada como paciente, también se identifique formalmente a sus cuidadores.
A partir de ahí podrían evaluarse aspectos como su salud física y mental, situación económica y estabilidad social para determinar si cuentan con los recursos necesarios para continuar desempeñando esa función sin una carga excesiva.
Si se identifica algún problema, el objetivo sería ofrecer apoyo concreto y no limitarse a entregar información para que el cuidador busque ayuda por su cuenta.
Servicios como atención de relevo, asistencia médica en casa y cuidados paliativos pueden reducir considerablemente parte de la carga, según Resendez.
Además, Applebaum considera importante que todos los cuidadores tengan acceso a apoyo de salud mental.
Cuidarse también forma parte de cuidar
La experiencia compartida por la cantante Dolly Parton ilustra una contradicción que viven millones de personas.
Quien cuida a un esposo, padre, madre, hijo u otro ser querido puede concentrarse tanto en mantenerlo seguro y atender sus necesidades que sus propios síntomas, chequeos médicos, descanso y vida social terminan desplazados indefinidamente.
Y el problema no necesariamente desaparece por tener mayores recursos económicos.
La responsabilidad emocional puede continuar incluso cuando existe la posibilidad de contratar ayuda profesional.
La evidencia citada por CNN muestra que el bienestar del cuidador también puede repercutir en la persona que recibe atención.
Cuando quienes cuidan reciben apoyo, la gran mayoría se siente más segura en su papel y considera que puede proporcionar una mejor atención.
Por eso, cuidar al cuidador no debería entenderse como algo separado de la atención del paciente.
En un país donde aproximadamente 63 millones de personas desempeñan alguna función de cuidado, proteger su salud también forma parte de sostener a quienes dependen de ellas.
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