La visita de Donald Trump a China ha cerrado con broche de oro y una noticia que los mercados financieros estaban suplicando. Tras horas de diálogo en el Gran Palacio del Pueblo, la Cancillería china confirmó que Xi Jinping y el mandatario estadounidense alcanzaron «nuevos consensos» que definen una hoja de ruta para los próximos tres años. El objetivo: una relación de estabilidad que el mundo, urge de certidumbre, necesitaba ver.
Pero el bombazo real vino con el tema de Irán. Pekín fue contundente: «La puerta del diálogo no debe volver a cerrarse». En un movimiento coordinado, ambos líderes acordaron que es vital reabrir «lo antes posible» las rutas de navegación en el estrecho de Ormuz, el punto más crítico para el paso del petróleo a nivel mundial.
Histórica reunión entre Xi Jinping y Trump
Esto es parte de lo acordado en esta reunión entre el presidente Trump y Jinping:
— China no proporcionará equipo militar a Irán.
— Irán no debe tener armas nucleares.
— Apoyo para la apertura del estrecho de Ormuz.
— China comprará 200 aviones Boeing.
— China comprará más… pic.twitter.com/GG13hQIcGf— Patricia Janiot (@patriciajaniot) May 15, 2026
China calificó el conflicto actual como una «guerra que nunca debió ocurrir» y aseguró que tanto Washington como Teherán se beneficiarán de una salida política inmediata.
Según la Casa Blanca, Xi y Trump coincidieron en dos puntos innegociables:
Irán no debe tener armas nucleares, bajo ninguna circunstancia.
El estrecho de Ormuz debe ser libre de cobros de paso y seguro para el tráfico de hidrocarburos.
Este acuerdo busca blindar las cadenas globales de producción y evitar que el desabastecimiento energético siga golpeando el bolsillo de los ciudadanos.
Tres años de «paz estratégica»
NOW: President Trump joins @SeanHannity for his first interview since the historic bilateral meeting between the United States and China in Beijing. 🇺🇸 pic.twitter.com/SD5i3xMQxx
— The White House (@WhiteHouse) May 15, 2026
La nueva orientación de los vínculos entre China y EE. UU. se basará en lo que han llamado una «estabilidad estratégica constructiva».
Más allá de las diferencias en tecnología o el tema de Taiwán, ambos mandatarios decidieron priorizar la «coordinación» en asuntos regionales.
Tras visitar juntos el Templo del Cielo, quedó claro que la química personal entre Xi y Trump —a quien el chino recibió con máximos honores— ha servido para profundizar la confianza mutua.
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